Romeo y Julieta

- Fecha -

2009

- Lugar -

Port, Xàbia

- Idioma -

Valenciano

El sábado 25 de julio se celebró en Xàbia, España, el XIV AJEDREZ VIVIENTE DE XÀBIA, con una asistencia de casi dos mil personas y una masiva presencia de medios de comunicación. Este evento cultural recibió en 2002 el Título de Fiesta de Interés Turístico Nacional y en la actualidad se halla en trámites para optar al prestigioso galardón de Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Se representó “Romeo y Julieta” en adaptación para ajedrez viviente teatral escrita por Rafael Andarias Estevan, director del Ajedrez Viviente. El invitado de honor, que leyó los movimientos de las piezas blancas, fue Sergio Hernández, campeón del mundo de automovilismo en la modalidad de turismos; y la joven promesa local Andrés Bonet, clasificado en el torneo de ajedrez escolar, hizo lo propio con las jugadas de las negras. La narración corrió a cargo del Maestro Internacional de Ajedrez Francisco Sánchez Guirado. La partida que sirvió de base para la representación fue Tigran Petrosian-Jan Smejkal, Milan, 1975.

En el preámbulo, la presidenta de la Comisión de Fiestas del Puerto de Xàbia, Clara Sapena, entregó unas placas conmemorativa al niño y al narrador; y el alcalde, Eduardo Monfort, una escultura del reconocido artista local Manuel Navas al invitado de honor.

Representar “Romeo y Julieta” ha supuesto un reto similar al que se realizó con el “Poema Scachs d’Amor” (cuando el Ajedrez Viviente de Xàbia se sumó al proyecto Valencia, cuna del ajedrez moderno) y “Harry Potter y la Piedra Filosofal” (tras recibir la autorización de J. K. Rowling para adaptar su obra). Además, este clásico es una de las creaciones más complejas del dramaturgo inglés en cuanto a sus posibilidades de representación, siendo una de las menos llevadas a los escenarios. Es posible que su dificultad estribe en la presencia de diversas localizaciones y su enrevesada trama. El texto original impresiona en algunos fragmentos más como guión cinematográfico que como libreto, de hecho, se ha llevado a la pantalla en numerosas ocasiones.

En el caso del Ajedrez Viviente de Xàbia, se trata de una adaptación a ajedrez viviente teatral que puede considerarse como una nueva modalidad teatral de unas características peculiares e innovadoras que permiten escenificar obras que resultan difíciles de representar en el teatro clásico, aunque con las limitaciones que implican que los actores y actrices no sean profesionales. Los elementos que lo facilitan son: por un lado su infraestructura, es decir, el hecho de que el escenario sea un tablero gigante, rodeado de espectadores por los cuatro lados, ofreciendo unas posibilidades de las que carece el escenario del teatro clásico; y por otro, el ajedrez como juego con todas sus vertientes incluyendo su carga simbólica.

LA OBRA

En lo que respecta a la adaptación, hemos de señalar que el libreto de Shakespeare contiene un número de escenas similar al que suele existir en el ajedrez viviente, aunque se tuvo que recurrir a las elipsis y al recurso de las acciones simultáneas (más propio del cine que del teatro), pero sin perder inteligibilidad. Los personajes de Romeo, Julieta, Fray Lorenzo y el Príncipe de Verona intervienen con cortos diálogos, aunque precisos; y sus intervenciones junto con las interpretaciones del resto de los personajes (gestual, sin hablar), la labor del narrador, la música elegida (el ballet “Romeo y Julieta” de Sergéi Prokofiev), y los efectos de luces, junto con el hecho de que los jugadores que leen las jugadas, mencionan los nombres de los personajes (Benvolio, Romeo, etc.) en vez de los nombres de las piezas (alfil, peón, etc.) fueron los elementos para que esta compleja obra llegara al espectador. Hemos de decir que Fray Lorenzo y el Príncipe de Verona, así como el boticario (que facilita a Romeo el veneno) y Fray Juan son lo que denominamos “piezas de apoyo”, que no pertenecen a las 32, pero que hacen acto aparición en el tablero cuando se precisa.

La representación arrancó con la pelea callejera en que ambos bandos, los Montesco y los Capuleto, hacen su entrada armados con alabardas y partesanas, que es detenida con la irrupción del Príncipe de Verona. Se fueron sucediendo la práctica totalidad de las escenas de la obra, destacando por su vistosidad la fiesta de máscaras con sus bailes de época y donde Romeo conoce a Julieta, la lucha en la que mueren Mercucio y Teobaldo y la boda de los protagonistas oficiada por Fray Lorenzo. La larga escena final, que correspondía al desarrollo del último acto de la obra, desde el momento en que Julieta toma el narcótico, hasta la localización en la cripta donde el Conde de Paris y Romeo se encuentran con la muerte de ambos y el despertar de Julieta seguida también de su muerte, sumergió a los espectadores en una atmósfera sobrecogedora que puede resultar difícil de entender, si no se ha estado presente en la representación, siendo ésta una de las características de esta innovadora modalidad teatral.

LA ELECCIÓN DE LA PARTIDA

En cuanto a la partida, condición sine qua non del Ajedrez Viviente de Xàbia, interesaba que tuviera una duración de alrededor de 30 jugadas y que el primer intercambio de piezas (menores) se produjera sobre la mitad de la misma, tratando de que no hubiera ninguna captura más a lo largo de la partida o como mucho otra de peones en la apertura. Francisco Sánchez Guirado, asesor de ajedrez desde el principio del ajedrez viviente, me envió una selección de 60 partidas de su base de datos. Tras revisarlas, seleccioné 4 y a su vez de éstas, elegí la citada Petrossian-Smejkal única que cumplía los criterios mencionados. Por supuesto que no es una partida brillante y que ajedrecísticamente no ofrece ningún interés salvo, tal vez, ver la divertida vertiente del entonces ex-campeón del mundo cuando le gustaba jugar al gato y al ratón con sus adversarios.

La presencia del mayor número de piezas sobre el tablero se requería para escenificar el baile y la larga escena final. En lo relativo al intercambio de piezas menores tenía también un sentido. Teniendo en cuenta que era preciso que los monarcas fueran encarnados por los señores Montesco y Capuleto, y que Romeo y Julieta fueran alfiles de sus bandos respectivos, representar sobre el tablero las muertes de Mercucio (Montesco-blancas) a manos de Teobaldo (Capuleto-negras), y a su vez éste por parte de Romeo (Montesco-blancas), siendo los tres piezas menores, tenía un problema técnico y es que es imposible que un alfil de un bando capture a otro y que a su vez sea capturado por el otro bando. La única manera de solventarlo era que Teobaldo o Mercucio fuera caballo. Por razones escénicas me decanté por Mercucio. Esto es en realidad un problema de denominación de piezas, pues en lengua española la pieza menor es “caballo”, pero en otras “caballero” que encaja más con el argumento. Esto se arregló de la siguiente manera: indicando el narrador que era el “caballero Mercucio” y, además, cada vez que actuaba se quitaba la figura de caballo que llevaba sobre su cabeza, como dando a entender la idea de que era un caballero montando su caballo.

Por último es de alabar la excelente actuación del narrador y la interpretación de los 40 niños, los pequeños actores y actrices de entre 6 y 14 años, que bordaron sus papeles que este año conllevaba una mayor dificultad por la novedad de intervenir cuatro de ellos con diálogos, siendo además la edición en que la representación se ha acercado más al teatro. Asimismo, todas las áreas que hacen posible el ajedrez viviente brillaron a un gran nivel: vestuario, maquillaje, atrezzo, decoración del recinto, selección musical, megafonía, luminotecnia y efectos especiales.