E Pur Si Muove

- Fecha -

2008

- Lugar -

Port, Xàbia

- Idioma -

Valenciano

El sábado 26 de julio se celebró en Xàbia, España, el XIII AJEDREZ VIVIENTE DE XÀBIA. Este evento cultural que en 2002 recibió el Título de FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICO NACIONAL, congregó a unas dos mil personas y a numerosos medios de comunicación.

El Ajedrez Viviente de Xàbia es un grupo de teatro creador de una modalidad escénica, singular y diferenciada, que supone una nueva forma de entender esta centenaria variedad de ajedrez, que ha sido denominada “Ajedrez Viviente Teatral”. En realidad, el espectador asiste tanto a una obra teatral como a la contemplación del desarrollo de una partida, de tal forma que no es preciso saber jugar al ajedrez para entender y disfrutar la representación.

El invitado de honor que leyó los movimientos de las piezas blancas fue el bioquímico Santiago Grisolía, Premio Príncipe de Asturias y en la actualidad Presidente del Consejo Valenciano de Cultura. El profesor Grisolía fue candidato al premio Nobel por sus trabajos de investigación, entre los que cabe resaltar el descubrimiento de la enzima que transforma el amoniaco en urea que es eliminada con la orina y además es menos tóxica, y que se sitúa en la encrucijada metabólica del ciclo de Krebs-Henseleit. El campeón escolar Lautaro Molina llevó las negras y el narrador fue el prestigioso neurocirujano valenciano Manuel Bordes.

Se representó “E PUR SI MUOVE”, escrita por el director del Ajedrez Viviente, Rafael Andarias. La frase que dio título a la obra la murmuró Galileo Galilei, según cuenta la leyenda, ante el Tribunal de la Inquisición cuando fue condenado por defender la teoría de que la Tierra gira en torno al Sol. “E pur si muove”, “Y sin embargo se mueve”, es la quintaesencia de los científicos ante los convencionalismos de la sociedad y de la autoridad; y además, condensa los obstáculos que se han topado, a lo largo del Tiempo, y que aún perduran hoy día entre nosotros.

Como todos los años, el Ajedrez Viviente de Xàbia no se limitó a una simple representación teatral, sino que además procuró mantener un componente cultural, divulgativo y de crítica constructiva. La elección del tema y de la partida, así como la presencia de una personalidad de la relevancia del Prof. Grisolía persiguió cuatro objetivos fundamentales que se desprendieron a lo largo del desarrollo de la obra: contribuir a inculcar el amor a la Ciencia en la Juventud; reivindicar una mayor presencia de las noticias científicas en los medios de comunicación; hacer un llamamiento a la sociedad y sus estamentos para que se valore más a los científicos; y mostrar los beneficios que la práctica de este milenario juego pueden reportar a la formación de los escolares.

La partida que sirvió de base para la representación fue la que disputaron Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906 por sus investigaciones sobre el sistema nervioso y gran aficionado al ajedrez, y su colaborador Bruno Solano en Zaragoza, 1898. La partida real finalizó con el mate de las blancas en la jugada 35, pero en licencia creativa, su desarrollo se modificó en su parte final y se prolongó hasta la jugada 48 con una variante ficticia, sin modificar el resultado ni el espíritu de la misma, obra del M.I. Francisco Sánchez Guirado.

El argumento mostró la pugna que desde hace milenios mantienen los que defienden y aman la Ciencia contra los que la desprecian o hacen un mal uso de ella, encarnando ambos bandos las blancas y las negras respectivamente. Todas las áreas que hacen posible el ajedrez viviente brillaron a una gran nivel: libreto con sus escenas y texto, vestuario, maquillaje, atrezzo, decoración del recinto, selección musical, megafonía, luminotecnia y efectos especiales.

Hemos de alabar la excelente actuación del narrador y la interpretación de los 46 niños, los pequeños actores y actrices de entre 6 y 14 años que bordaron los papeles, pues esta edición conllevaba una mayor dificultad por la novedad de hablar a lo largo de la obra.

“E pur si muove” contó con espectaculares momentos como el sorprendente arranque de la escena inicial en la que un grupo de niños aparece con grandes globos de colores que representan el Sistema Solar, situándose la Tierra y la Luna en el centro y el resto girando a su alrededor. Enseguida, irrumpe Galileo (personaje que apareció varias veces durante la representación) que los corrige colocando al Sol en el centro. En ese momento, el bando negro le hace gestos de desprecio obligándole a que se marche y luego los niños sueltan los globos elevándose majestuosamente dando comienzo al desarrollo de la partida teatral.

A lo largo del argumento se mostraron las aportaciones a la Ciencia de la práctica totalidad de la culturas del mundo: prehistoria, egipcia, griega, árabe, americana precolombina, china… De entre todas ellas, podríamos destacar la india en la que una niña se sentó en posición de asana de yoga desplegando un precioso mandala ante sí y poniéndose a meditar, representando con ello que su cultura fue pionera en ahondar en la mente humana, mediante dicha figura artística que ayuda a penetrar en nuestro mundo interior, antesala de la psicología actual.

Otra escena memorable fue cuando Galileo, llevando un telescopio, vuelve a entrar en el tablero y llama a ambos monarcas para que miren hacia el cielo a través de su artilugio. El Rey blanco acepta gustoso, pero el negro se opone al tiempo que su bando se tapa los ojos. En ese momento, Galileo mira hacia fuera del tablero haciendo un gesto con la mano, apareciendo dos encantadoras niñas con atuendo de la época llevando un perrito, haciéndole mirar por el telescopio para demostrar que no es peligroso, recreando lo que, según se dice, sucedió en realidad cuando el sabio italiano hizo mirar a su perrito para defender que sus teorías eran ciencia y no brujería.

Más adelante, el recinto retumbó con el sonido de una tormenta con sus truenos, lluvia y caída de rayos junto con un espectacular efecto de luces, al tiempo que un Alfil blanco cogía una cometa acompañado de un Peón que asía su cola y corriendo por el tablero, rememorando el descubrimiento de Benjamín Franklin que voló una cometa en un día de tormenta para demostrar que los rayos eran corrientes eléctricas.

Un momento que sobrecogió a los espectadores fue cuando todo se quedó a oscuras iluminado únicamente por una suave luz azul-frío mientras se escuchaba una música triste y el narrador leía el siguiente texto: “La Segunda Guerra Mundial asola la Tierra, y enseguida sufrimos los efectos del mal uso de la Ciencia por parte de las naciones. La medicina realiza experimentos en seres humanos, la química obtiene gases letales para el exterminio en masa y la física usa los descubrimientos de Einstein para fabricar la primera bomba atómica. Nunca antes la Ciencia y el mundo han caído tan bajo”.

Acto seguido, se dio un giro más optimista a la obra con escenificaciones que resaltaron la vertiente beneficiosa de la Ciencia acompañado de sendas narraciones entre las que podemos destacar la siguiente: “Tras años para olvidar pero, al mismo tiempo, para no borrar de la memoria con el fin de que no se vuelvan a repetir, los científicos retoman la iniciativa. Los geólogos estudian la superficie de La Tierra, Watson y Crick descubren la estructura en doble hélice del ADN, Severo Ochoa comienza a descifrar el código genético, Hawking estudia la Cosmología y tantos otros investigadores de todo el mundo promueven el desarrollo de la Ciencia como nunca antes se ha hecho… “

La escena final fue un digno colofón de una representación para recordar, al aparecer todos los niños en el tablero y formar con sendas cuerdas de colores la figura del ADN en honor del ilustre Invitado de Honor, el profesor Grisolía que a sus 85 años aceptó gustoso la invitación de estar presente en el Ajedrez Viviente de Xàbia