IV Escacs Vivents De Xàbia

- Fecha -

1999

- Lugar -

Port, Xàbia

- Idioma -

Valenciano

Alrededor de 3.000 personas y una masiva afluencia de medios de comunicación, se dieron cita el pasado 24 de julio de 1999 en el puerto de Xàbia/Jávea, en el incomparable marco del Cabo de San Antonio y la bahía javiense, para contemplar el “IV Ajedrez Viviente” que contaba este año con la participación del astronauta español y Premio Príncipe de Asturias, Pedro Duque.

Rafael Andarias

Pedro Duque está vinculado a Xàbia desde hace tiempo, al ser su esposa, Consuelo Femenía, javiense. Sin embargo, la mayoría de la población -incluyendo al autor de estas líneas- lo desconocía hasta que se supo que formaría parte de la tripulación del Discovery. Fue por aquellas fechas, cuando de forma casual, llegó a mis manos una entrevista con sus padres en la que mencionaban su afición al ajedrez de estudiante. A partir de ese momento, comencé a pensar en la posibilidad de que fuera el próximo invitado del Ajedrez Viviente.

Meses después, en una de sus visitas, pude tener un encuentro con él. Después de agradecerle su amabilidad al recibirme, pasé a explicarle cómo hacíamos el ajedrez viviente, manifestándole que su presencia sería decisiva para su consolidación. Tras examinar el material que llevaba (vídeos, dossieres de prensa, etc.) aceptó inmediatamente. Recuerdo que una de las preguntas que me hizo, y no sin razón, era: “Entonces, la partida está amañada, ¿no?”. Le respondí que lo habitual en esta modalidad de ajedrez es que fuera una ya jugada. También me confirmó que durante su adolescencia perteneció a un club y que incluso había llegado a jugar algunos torneos. Nos despedimos acordando vernos unos días antes de su celebración, para estudiar el guión.

Una vez confirmada su participación y tras decidir que se enfrentaría al campeón escolar, Darío Martín de 13 años, se convino que, al igual que años anteriores –y en éste con más razones-, la representación debía correr a cargo de niños.

En cuanto a la partida, hasta entonces, siempre habían concluido con un ataque de mate, prolongándolas con variantes que proporcionasen ese desenlace más espectacular. Sin embargo, en esta ocasión, las tablas sería un final aceptado por todos, dado los jugadores invitados. Al fin y al cabo, el empate es un resultado tan digno como la victoria y, además, constituiría una sorpresa.

Me puse a revisar partidas de mundiales y torneos históricos, pero ninguna me convencía. De repente, me acordé de las tablas entre Illescas y Kasparov en Dos Hermanas del 96. La reproduje y vi que se ajustaba a las condiciones ya citadas anteriormente y que contenía suficientes elementos para escenificar: una arriesgada expansión de peones en plena apertura, una amenaza de mate en la 4ª jugada, sacrificios, cambio de damas y otras. Así que ésta sería la elegida.

“2.001” y una reivindicación pacifista
Ya desde hacía meses, antes de saber si podría entrevistarme con Pedro Duque y si, finalmente, él accedería, tenía claro la escenografía, el vestuario y la música: sería de tipo futurista-espacial. Imaginaba a unos niños vestidos de astronautas y realizando las jugadas mientras se oía “2.001”. Por esto, nada más confirmarme su participación, pensé que todo, al fin, se iba a hacer realidad. Sería un año a recordar. (Casualmente, por aquellos días se conoció el fallecimiento de Stanley Kubrick). Enseguida, nos pusimos el equipo a escuchar CDs. Además de temas de “2.001”, elegimos de Vangelis, Jarre, Oldfield y otros.

Por otra parte, las inquietantes noticias de los Balcanes influyeron en el planteamiento de este año al disuadirme de repetir un argumento inspirado en la clásica analogía con la guerra. Tratando de encontrar la solución, decidí, en primer lugar, reivindicar el ajedrez como juego. Días después, recordé un comentario que todos hemos escuchado alguna vez que propugna la desaparición de las guerras y jugar, en su lugar, una partida de ajedrez para dirimir las diferencias entre los pueblos. Así pues, la representación también sería innovadora en cuanto a la historia (4).

¡Comienza la partida!
A mi parecer –y en eso coincidieron muchos- el principio del “IV Ajedrez Viviente” fue una de las partes más brillantes, llegando a emocionar a todos los espectadores. Por su interés, transcribo textualmente ese fragmento del guión:

“Una vez situados ambos bandos, va bajando el volumen de la música y cambia de música.

Música. (“Tubular Bells” – Mike Oldfield).
(Música de fondo durante toda la partida)
Se escucha la música durante 35”, y cuando baja de volumen, el NARRADOR comienza a hablar.

Estamos a mitad del siglo XXI. El ser humano ya ha iniciado la conquista del sistema solar. Las estaciones espaciales son numerosas. Las bases en la Luna y Marte son ya una realidad.

Pausa del NARRADOR. Sube la música unos segundos y, cuando baja de volumen, retoma la palabra.

La última gran guerra fue a finales del siglo pasado, en 1.999. Al poco de terminar esa contienda, todos los países del mundo se reunieron y acordaron que no habría nunca más guerras, y que en el futuro, las diferencias entre las naciones, se resolverían mediante una partida de ajedrez.

Pausa del NARRADOR. Sube la música unos segundos y, cuando baja de volumen, vuelve a hablar.

Cincuenta años después, la primera gran divergencia entre los países más poderosos ha surgido. Pero también, por vez primera, todo se decidirá, no sobre el campo de batalla, sino sobre un tablero de ajedrez. La primera guerra pacífica de la Historia va a dar comienzo.

¡Comienza la partida!

Música y escenificación. (“Así habló Zaratustra” – 2.001 Una Odisea del Espacio). (40”).

Se escucha la música. A los 15”, cuando se produce un cambio de tono, los peones avanzan y forman un triángulo. Los monarcas se aproximan al centro del tablero y se saludan. Acto seguido, todos regresan a sus casillas respectivas. Baja la música y cambia por la música de fondo de toda la partida. El jugador que conduce las blancas espera durante unos segundos y dice la primera jugada”.

En ese momento, Pedro Duque anunció la primera jugada, “Peón d2-d4”, dando comienzo la partida. El juego se desarrolló con escenificaciones como las ya citadas y otras nuevas que creamos para este año. La escena final también fue muy emocionante. Tras realizar el negro su jugada 48 y última, paró la música de repente. Ambos monarcas miraron a los jugadores, estos hicieron lo mismo entre sí y acordaron tablas, comunicándolo con el gesto a sus reyes respectivos que se aproximaron dándose la mano. En ese momento, mientras subía el volumen de la música, la narradora dijo: “Ningún bando puede ganar el juego. No hay vencedores, ni vencidos. La partida es tablas”. En ese momento, todos los niños se acercaron al centro del tablero y saludaron al público, mientras que los jugadores bajaban del escenario para felicitarles. Así concluyó el IV Ajedrez Viviente de Xàbia.